miércoles, 3 de noviembre de 2010

Q Sensor: Pulsera que podría monitorear nuestros niveles de estrés



Vale recordar que durante nuestra infancia pasaron por nuestras manos varios brazaletes que reflejaban tu estado de ánimo en colores, esta pulsera de la firma Affectiva haría algo similar, pero de una manera mucho más científica.
El dichoso aparato, llamado Q Sensor, podría detectar niveles de estrés que, en ciertos casos, hasta podrían hasta salvar la vida de personas que no puedan comunicarse normalmente, como niños con problemas de autismo.

Según el fabricante, este dispositivo puede "detectar y grabar signos fisiológicos de estrés y emoción midiendo pequeños cambios eléctricos en la piel", que aunque adelantan que no es un sistema perfecto, podría ofrecer indicaciones a padres, doctores y profesores sobre la situación de un individuo antes de que existan inconvenientes mayores.
Affectiva, nombre de la empresa fabricante, sacará a la venta una versión beta que se venderá por 2.000 dólares a investigadores y profesionales de la educación.

NÓMADES VIRTUALES: EL "HOMO MOBILIS"

 El hombre moderno, sentado frente al televisor, está dirigido por el mismo afán de ampliar sus conocimientos del mundo que un antiguo nómada.  Los antiguos, al conquistar territorios nuevos, lograron crear una civilización global. Sin embargo, qué puede crear el "hombre televisivo" los científicos todavía no lo saben.
Lo único que se sabe por cierto es que se están produciendo ciertos cambios en el pensamiento humano que seguramente influyen en la dirección del desarrollo de la civilización. Estos cambios los trata de registrar, comprender y poner en el contexto histórico una nueva rama de las ciencias humanitarias denominada antropología del movimiento.
Los fundamentos de este nuevo enfoque, que trata la historia humana no como una evolución de formas políticas, económicas o sociales, sino como una evolución de estrategias de dominar el espacio, las explicó el miembro de la Academia Rusa de las Ciencias, el profesor y director de documentales etnográficos Andréi Golovniov.
Según el académico, en la antigüedad el hombre poseía una alta movilidad física y como consecuencia la capacidad de expansión en el espacio. En cambio, “el hombre de hoy está más bien sentado o tumbado que un ‘homo erectus’”, escribe en su libro Antropología del movimiento. “Darse prisa en nuestros días no significa mover los pies, sino apretar el acelerador o marcar rápidamente un número en el teléfono. Gracias a las tecnologías de la comunicación y transporte, se ha producido la ‘muerte de las distancias’, y de paso ocurrió una crisis de los contactos ‘vivos’".
En opinión del científico, el estudio del movimiento de los pueblos ayuda a entender los mecanismos de la interacción étnica y cultural no solo de los siglos pasados, sino de la actualidad, ya que el rasgo que caracteriza a las culturas de diferentes épocas es el control por el espacio.
El moderno "Homo mobilis", el hombre móvil (un nómada que se traslada por todo el mundo), es un oficinista con un teléfono móvil en la mano. Este nuevo tipo de ser humano, cuyas posibilidades son mucho más amplias que las de un nómada de la antigüedad, también pretende conquistar territorios, aunque esta vez virtuales.
La antropología registra estas nuevas relaciones del hombre con el mundo y trata de entender qué futuro nos espera. Andréi Golovniov explicó que una nueva plataforma para la investigación en el ámbito de la antropología del movimiento será el nuevo proyecto “El atlas del movimiento”, en el que por medio del cine, la fotografía, la pintura y la cartografía se fijarán los esquemas de la vida móvil del hombre moderno, desde los gestos y la mímica, hasta la migración y la comunicación virtual.

LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN NO MAQUILLADAS....



Los caballeros las prefieren no maquilladas


Hoy en día un maquillaje es para una mujer casi como una prenda de vestir: no sale de casa sin él. Sin embargo, un reciente estudio revela que los cosméticos 'envían un mensaje' que sólo captan ellas. La otra mitad de la población, es decir, el sector masculino se siente más atraído por las mujeres no maquilladas.
La página web Sowetan Live analizó los resultados de la encuesta realizada entre hombres británicos y estadounidenses, y calculó que uno de cada cinco varones preferiría que su pareja se maquillara menos. Ocho de cada diez hombres admitieron que prestaban más atención a las mujeres que no llevaban ningún tipo de cosmético en su cara.
Algunos comentaron que las féminas excesivamente maquilladas dan la impresión de que tratan de esconder algunos defectos graves. Otros aseguraban que 'pintarse' la cara es lo mismo que mentir. Varios encuestados, incluso, proponían prohibir a las mujeres que fueran maquilladas al trabajo ya que el arco iris en la cara de su interlocutora les impedía concentrarse.




Entre las quejas más frecuentes destacan las camisas y fundas de almohadas 'estropeadas' por las manchas originadas por los cosméticos femeninos.
Sólo tres de cada 10 varones confesaron sentirse atraídos y buscar citas con mujeres maquilladas. Pero incluso éstos comentaron que era un verdadero asco besar a una fémina que llevara pintalabios. Así, se calcula que un hombre durante su vida se come, de media, unos dos kilos de pintalabios al besar a mujeres que lo llevan. El brillo de labios no sólo afecta a la sensación que se percibe, sino que también daña el sistema digestivo de un hombre.


 


Otro 'disgusto' muy habitual son unas uñas muy largas pintadas de color rojo. En general, la encuesta destacó las diez cosas más odiadas por un hombre en su pareja y resultaron ser:


-         Pintalabios en los dientes
-         Rubor excesivo en las mejillas
-         Una base de maquillaje demasiado gruesa
-         Ojos tipo 'panda'
-         Acumulaciones de rímel en las pestañas
-         Pintalabios brillante
-         La marca de la base de maquillaje en torno a la mandíbula
-         Sombra de ojos de color azul brillante
-         Cejas marcadas con un lápiz
-         Lápiz de ojos excesivo

Han sido registrados, además, varios casos en los que el encuestado respondía que jamás podría decir cuándo llevaba una mujer y cuándo no cosméticos en su rostro.
La peculiaridad de la encuesta es que tan solo participaron 50 hombres.

JEFE , NO ME VA A CREER , PERO .......



Sociólogos de la empresa estadounidense Harris Interactive, tras encuestar a diferentes empleadores, reunieron las 12 excusas más ridículas que utilizaban sus empleados con el fin de explicar su ausencia en el trabajo. El sondeo fue realizado en los EE. UU. en todo el territorio del país con la participación de más de 3.100 empleados y más de 2.400 jefes.
El periódico británico The Daily Mail publicó las excusas, no obsatante, no aconseja usarlas.
1. ¡Jefe, un pollo atacó a mi madre!
2. Estaba jugando bowling… Mis dedos se quedaron atrapados dentro de la bola…
3. Me decidí a hacerme un transplante de cabello pero, de pronto, las cosas no salieron como esperaba…
4. Me cansé tanto que me dormí encima de la mesa de trabajo, me dí un golpe en la cabeza y me dañé el cuello...
5. Jefe, no me va a creer, pero en mi casa irrumpieron vacas y tuve que llamar al agente de seguridad...
6. Sé que suena ridículo, pero a mi novia la lanzó un Sit 'n Spin por la ventana del salón...
7. No podré llegar hoy: mi pierna está metida en el vertedero de basura...
8. Perdone, pero hoy no me siento demasiado inteligente para trabajar...
9. Tengo que cortar el césped para evitar una demanda de la Asociación de Propietarios de Hogar....
10. Me quemé la boca en un pastel de calabaza...
11. Estaba en un barco en el lago Erie, me quedé sin gasolina y la Guardia Costera me arrastró hacia el lado canadiense.
Además, no se recomienda llamar al jefe desde un bar para informar sobre una enfermedad inesperada.
La mayoría de las personas que faltan al trabajo dicen estar enfermos y 70% de los jefes exigen presentar certificados.
Alrededor de 30% de los jefes investigan si realmente sus empleados estaban enfermos. Cada segundo jefe encuestado llamaba a las casas de sus trabajadores, 15% de los jefes iba personalmente a las casas.
Otros empleados eran más honestos y francamente reconocían que era hora para descansar o simplemente dormir bien. Sin embargo, más de la mitad de los superiores reconocieron que permiten a sus empleados de vez en cuando faltar al trabajo para que descanses y recuperen sus fuerzas.